
La 7ª edición de la Bienal de Berlín cerró este domingo sus puertas con el balance de una de sus ediciones más políticas, en la que el movimiento “Occupy” desempeñó un papel clave y no exento de controversia.
La séptima edición de la Bienal de Berlín, que abrió sus puertas el 27 de abril, confirmó la consagración del evento como uno de los escenarios del arte contemporáneo mundial, que se celebra antes de la Documenta de la Kassel o que la Manifiesta de Bélgica.
El curador polaco Artur Zmijewski había prometido una edición libre de las obstinaciones en la que recaen las muestras de arte conocidas y declaró la guerra “al círculo vicioso de la impotencia creativa”. “Hemos buscado un tipo de arte que actúe en procesos de cambio efectivo y que tenga una influencia continua en la realidad”.
Quizá por eso el resultado fue una edición política. Zmijewski y la comisaria Joanna Warsza invitaron a la Bienal a más de 50 proyectos de 24 países que abordaban cuestiones migratorias o sobre la evolución antidemocrática en Europa del Este o el Cercano Oriente.
El movimiento Occupy ocupó simbólicamente la bienal al comienzo de la edición y fueron los activistas quienes concedieron las rueda de prensa oficiales de la muestra de arte. “Hemos decidido participar en la bienal de Berlín no para presentar arte, sino para avanzar en nuestros asuntos”, dijeron ante medios de todo el mundo.
Fuente: Notimex
























