
Tengo malas noticias para los seguidores de las aventuras y desventuras de ese par de trágicos personajes románticos de nombre Bella y Edward. La úlitma entrega cinematográfica de la saga Crepúsculo titulada Amanecer Primera Parte (cuarto filme) resulta la peor cinta en lo que va de la serie. Probablemente Amanecer también se trate de la novela más difícil del grupo de llevar a la pantalla grande además de que la casa productora Summit Entertainment decidió dividir el último libro en dos películas distintas (emulando la estrategia de Warner con respecto a Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte), una decisión que, considero resultó contraproducente en el producto final. Amanecer, como la describen sus mismos protagonistas, se asemeja más a un relato de terror que a las entregas románticas que resultaron los filmes previos.
No vamos a develar en este espacio la trama central de la misma pero sí resumiremos la anécdota de la película, la cual es de dominio público, reafirmando que se trata del esperado capítulo donde acontece la boda entre Bella y Edward, su apasionada luna de miel y un imprevisto embarazo que pone en peligro la vida de la protagonista y que, posiblemente, desencadene la batalla final entre los vampiros y licántropos, columna vertebral del relato de Stephanie Meyer.

El realizador escogido para rodar la conclusión de la saga Crepúsculo es Bill Condon, director de interesantes cintas como Dioses y Mounstros y Kinsey pero también eficaz ejecutante de Hollywood como lo demuestra su trabajo en el musical Dreamgirls, por lo que la elección del realizador nos pareció, hasta cierto punto, sensata. Curiosamente la película está torpemente dirigida, hasta podríamos afirmar que secuencias tan emblemáticas como el significativo encuentro nupcial, están filmadas de una manera tan básica que podemos fácilmente catalogarlas de pedestres.
Creo que evidentemente directores como Catherine Hardwicke o Chris Weitz comprendieron mejor la esencia de las novelas en sus respectivas versiones, historia que en mi opinión no es más que una metáfora acerca de la pasión y angustia adolescente disfrazada en una historia de amor fantástica protagonizada por vampiros y hombres lobo. Condon pierde la brújula en esta cuarta película pues el filme no es ni la anunciada cinta de terror, como la catalogaron sus creadores en la pasada edición de Comic-Con, ni los filmes románticos que han resultado sus antecesoras.

La guionista Melissa Rosenberg hace lo que puede para tratar de adaptar el amplio volumen (con más de 800 páginas) dividido dos películas tratando de que cada una de ellas pueda sostenerse de una manera independiente, pero lamentablemente no hay mucho que hacer con los diálogos simplones de la novela, los cuales fueron utilizados textualmente en la película. Creo que la saga completa de Crepúsculo funciona mucho mejor como un grupo de novelas para adolescentes que como películas, la creativa y un tanto truculenta anécdota se lee mejor de lo que se ve. Vaya, no dudo que la guionista hizo su mejor trabajo con el material, sin embargo creo que el problema es que resultaba casi una misión imposible el hilar los acontecimientos de Amanecer de una manera coherente y orgánica en la pantalla grande.
Debo confesar que con el transcurso de las adaptaciones a cine habría percibido una evolución en la interpretación de las mismas, siento que ha habido un avance considerable de Crepúsculo a Eclipse, pero lamentablemente Amanecer Primera Parte representa un retroceso. Es increíble que esta película esté armada por una serie de sucesos sean tan significativos para sus protagonistas y que la cinta resulte tan aburrida, aún para quienes fielmente han seguido esta historia. Esperemos que la conclusión (a estrenarse en verano) pueda redimir o explicar esta insípida primera parte.
Twitter @oscaruriel

















